Israel y Palestina: ¡entiende el conflicto desde sus orígenes!

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Probablemente llevas mucho tiempo escuchando hablar del conflicto entre Israel y Palestina. Este enfrentamiento tiene raíces históricas que se remontan a muchos siglos atrás y se intensificó especialmente durante el siglo XX, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial.

Pero ¿conoces los orígenes del conflicto entre el pueblo judío y el pueblo palestino? ¿Sabes qué argumentos históricos, religiosos y políticos presenta cada uno para reclamar sus derechos sobre el territorio? ¿Y por qué una solución parece estar todavía tan lejos?

Palestina: ¿cómo surgió este nombre?

Para comprender esta historia, debemos remontarnos a la Antigüedad, cuando la región que hoy conocemos como Israel y Palestina estaba habitada por diferentes pueblos y se encontraba bajo el dominio de distintos imperios.

En aquella época, una parte importante de la población de la región era judía. Allí se habían desarrollado antiguos reinos israelitas y judíos, y Jerusalén era uno de los principales centros religiosos y políticos del pueblo judío.

En el año 63 a. C., Roma comenzó a ejercer su dominio sobre la región. Décadas después, en el año 70 d. C., las tropas romanas reprimieron una gran rebelión judía, conquistaron Jerusalén y destruyeron el Segundo Templo, uno de los lugares más sagrados del judaísmo.

Este acontecimiento provocó importantes transformaciones en la vida política, religiosa y social de la población judía. Sin embargo, no significó la expulsión de todos los judíos del territorio: diversas comunidades judías continuaron viviendo en la región.

En los años 132-135 d. C. tuvo lugar otra gran rebelión judía contra el dominio romano, conocida como la revuelta de Bar Kokhba. Después de derrotarla, el emperador Adriano reorganizó administrativamente la provincia y Roma utilizó el nombre de Siria Palestina (Syria Palaestina).

Es importante señalar que la denominación Palestina ya tenía antecedentes en fuentes históricas anteriores. Por lo tanto, no fue un nombre creado desde cero por el emperador Adriano, aunque su utilización como denominación administrativa romana se consolidó en este período.

Durante los siglos siguientes, la región pasó por diferentes etapas históricas y estuvo habitada por comunidades de distintas religiones, entre ellas judíos, cristianos y, posteriormente, musulmanes.

Con la expansión del cristianismo y, más tarde, del islam, la composición religiosa y cultural de la región fue cambiando a lo largo de los siglos.

Después de la caída del Imperio romano de Occidente, en el año 476, la región permaneció bajo el dominio del Imperio romano de Oriente, conocido posteriormente como Imperio bizantino. También pasó por diferentes dominios durante las conquistas árabes, las Cruzadas y el período mameluco.

En 1516-1517, fue conquistada por el Imperio otomano, que mantuvo el control de la región hasta la Primera Guerra Mundial.

El sionismo y el regreso de los judíos

A lo largo de los siglos, las comunidades judías se dispersaron por distintas partes del mundo, aunque mantuvieron sus vínculos religiosos, culturales e históricos con la región de Palestina.

Sin embargo, la dispersión no significó la desaparición de la presencia judía en el territorio. Algunas comunidades continuaron viviendo allí durante diferentes períodos históricos.

En distintas partes de Europa, los judíos fueron objeto de persecuciones, discriminación y violencia. Durante la Edad Media, por ejemplo, eran marginados socialmente y, en ocasiones, culpados por acontecimientos como las malas cosechas y las epidemias. En Europa oriental, los pogromos —ataques colectivos y violentos contra comunidades judías— se volvieron frecuentes.

Como respuesta a estas persecuciones y al crecimiento del antisemitismo, a finales del siglo XIX surgió el movimiento sionista.

El sionismo defendía la creación de un hogar nacional judío como una forma de garantizar la seguridad y la autodeterminación del pueblo judío. Para sus principales representantes, Palestina era el territorio elegido debido a sus vínculos históricos, religiosos y culturales con el judaísmo.

El movimiento también estuvo relacionado con el crecimiento de los nacionalismos europeos y con la búsqueda de soluciones políticas frente a la discriminación que sufrían las comunidades judías.

La Declaración Balfour (1917)

Hasta el final de la Primera Guerra Mundial, Palestina formaba parte del Imperio otomano.

El 2 de noviembre de 1917, el Gobierno británico publicó la Declaración Balfour, mediante la cual manifestó su apoyo al establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío.

La declaración, dirigida a Lord Rothschild, también establecía que no debían perjudicarse los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías que ya vivían en Palestina, así como los derechos y la condición política de los judíos en otros países.

El documento representó un importante respaldo internacional a las aspiraciones sionistas.

Sin embargo, también generó preocupación entre los árabes palestinos, que constituían la mayoría de la población del territorio y defendían sus propias aspiraciones de autodeterminación e independencia.

La declaración no establecía la creación inmediata de un Estado judío, pero se convirtió en uno de los principales fundamentos políticos de lo que sucedería en las décadas siguientes.

El dominio británico de Palestina y el regreso de los judíos (1917-1923)

Durante la Primera Guerra Mundial, las fuerzas británicas avanzaron sobre Palestina y derrotaron al Imperio otomano en la región. Entre 1917 y 1918, los británicos ocuparon progresivamente el territorio.

Después de la guerra, Palestina quedó bajo administración británica.

En abril de 1920, las potencias aliadas acordaron atribuir a Gran Bretaña la responsabilidad de administrar el territorio. El Mandato Británico para Palestina fue aprobado por la Liga de las Naciones el 24 de julio de 1922 y entró oficialmente en vigor el 29 de septiembre de 1923.

Mientras tanto, la inmigración judía hacia Palestina continuó creciendo, impulsada tanto por el movimiento sionista como por las persecuciones que sufrían los judíos en distintas partes de Europa.

La población árabe palestina, por su parte, comenzó a expresar cada vez más preocupación por el crecimiento de la inmigración, la adquisición de tierras y las perspectivas de perder el control político de su territorio.

Estas diferencias contribuyeron al aumento de las tensiones entre ambas comunidades.

El Congreso Palestino y la formación de la Haganá (1919-1920)

En 1919 se celebró en Jerusalén el Primer Congreso Palestino, en el que representantes árabes palestinos manifestaron su oposición a las políticas que favorecían el establecimiento de un hogar nacional judío en Palestina.

Los participantes defendían sus aspiraciones de independencia y autodeterminación y rechazaban las consecuencias que, a su juicio, podía tener el proyecto sionista para el futuro político de la población árabe palestina.

En junio de 1920, en un contexto de creciente tensión y preocupación por la seguridad de las comunidades judías, se fundó la Haganá, una organización paramilitar judía.

Su objetivo inicial era organizar la defensa de los asentamientos y las comunidades judías frente a posibles ataques.

La creación de esta organización estuvo relacionada con los enfrentamientos y disturbios que se habían producido en la región y con la percepción de que las autoridades británicas no siempre podían garantizar la seguridad de la población.

Durante la década de 1920, las tensiones entre judíos y árabes palestinos continuaron aumentando, especialmente debido a las diferencias sobre la inmigración, la adquisición de tierras y el futuro político del territorio.

1929: los disturbios del Muro de las Lamentaciones

En agosto de 1929 se produjo una importante escalada de violencia entre las comunidades judía y árabe palestina.

El conflicto estuvo relacionado con las disputas sobre el acceso y los derechos religiosos en el Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén, un lugar sagrado para el judaísmo y estrechamente vinculado al complejo religioso que los musulmanes conocen como Haram al-Sharif.

Durante ese período se organizaron manifestaciones y contramanifestaciones que aumentaron las tensiones entre ambas comunidades.

Entre el 23 y el 29 de agosto, la violencia se extendió a diferentes localidades, entre ellas Jerusalén, Hebrón y Safed.

Los enfrentamientos dejaron 133 judíos muertos y 339 heridos. Entre la población árabe palestina se registraron 116 muertos y 232 heridos. Una parte importante de las víctimas árabes murió a manos de las fuerzas de seguridad británicas.

Los acontecimientos dieron lugar a investigaciones oficiales británicas, que identificaron entre las causas de la violencia el temor de la población árabe palestina a perder sus medios de subsistencia y su futuro político como consecuencia de la inmigración judía y de las compras de tierras.

Los disturbios de 1929 representaron un momento decisivo en el deterioro de las relaciones entre ambas comunidades, aunque no fueron el único acontecimiento que contribuyó al desarrollo del conflicto.

El ascenso de Hitler y el aumento de la inmigración judía (década de 1930)

En 1933, Adolf Hitler llegó al poder en Alemania y comenzó a implementar políticas cada vez más violentas de persecución contra los judíos.

El antisemitismo también estaba presente en otros países europeos, lo que llevó a miles de familias judías a buscar refugio en otros territorios.

Como consecuencia, la inmigración judía hacia Palestina aumentó considerablemente durante la década de 1930.

Para intentar controlar este movimiento migratorio, las autoridades británicas establecieron cuotas y restricciones a la inmigración y a la adquisición de tierras por parte de los judíos.

Sin embargo, estas medidas no consiguieron resolver las tensiones. Mientras el movimiento sionista defendía la inmigración y el establecimiento de un hogar nacional judío, amplios sectores de la población árabe palestina consideraban que el proceso amenazaba sus derechos políticos, económicos y territoriales.

En abril de 1936, la situación se agravó y comenzó una gran revuelta árabe palestina contra el dominio británico y la inmigración judía.

El movimiento fue impulsado por diferentes sectores nacionalistas palestinos, que exigían independencia, el fin del Mandato Británico y la suspensión de la inmigración judía.

Entre sus principales instrumentos de movilización estuvieron las manifestaciones, las huelgas y la organización de grupos armados.

La huelga general iniciada en abril de 1936 se prolongó durante varios meses y se convirtió en una de las principales expresiones de resistencia palestina contra el dominio colonial británico.

La respuesta británica fue progresivamente más dura. Las autoridades utilizaron fuerzas militares y policiales para reprimir la revuelta.

Durante este período también se produjeron ataques contra comunidades judías y represalias de organizaciones armadas judías contra sectores árabes palestinos.

La Haganá amplió sus actividades y otras organizaciones paramilitares, como el Irgún, también participaron en acciones armadas.

La revuelta continuó, con diferentes fases de intensidad, hasta 1939 y dejó miles de palestinos muertos, además de numerosos heridos, detenidos y desplazados.

La Segunda Guerra Mundial y el Holocausto (1939-1945)

En 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial y, durante este período, se produjo el Holocausto.

El Holocausto fue el genocidio perpetrado por la Alemania nazi y sus colaboradores contra aproximadamente seis millones de judíos europeos. También fueron perseguidos y asesinados millones de integrantes de otros grupos, entre ellos el pueblo romaní, personas con discapacidad, prisioneros de guerra soviéticos y opositores políticos.

El exterminio sistemático de los judíos se llevó a cabo mediante fusilamientos masivos, deportaciones, guetos, campos de concentración y centros de exterminio.

Al finalizar la guerra, la magnitud de los crímenes nazis provocó una profunda conmoción internacional y fortaleció el respaldo a la creación de un hogar nacional judío.

Para los sobrevivientes del Holocausto, la búsqueda de seguridad y de un lugar donde pudieran reconstruir sus vidas se convirtió en una cuestión urgente.

Con el apoyo de organizaciones judías internacionales, especialmente de Estados Unidos, aumentó la presión para permitir la inmigración de sobrevivientes europeos hacia Palestina.

Sin embargo, el territorio todavía estaba bajo administración británica y las autoridades mantenían restricciones a la inmigración judía.

En respuesta, organizaciones judías intensificaron sus actividades políticas y militares para poner fin al dominio británico y avanzar hacia la creación de un Estado independiente.

Las organizaciones paramilitares judías y la cuestión palestina

Durante el Mandato Británico en Palestina, las tensiones entre judíos y árabes palestinos favorecieron la formación y el fortalecimiento de diferentes organizaciones paramilitares.

Una de las principales fue la Haganá, fundada en 1920 como una organización de defensa de las comunidades judías.

En sus primeros años, su actividad estuvo centrada principalmente en proteger los asentamientos judíos frente a posibles ataques.

Sin embargo, a medida que las relaciones entre las comunidades empeoraron durante la década de 1930, especialmente después de la revuelta árabe de 1936-1939, la organización amplió sus actividades y desarrolló estructuras militares más complejas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Haganá también colaboró con las autoridades británicas en determinadas operaciones contra las fuerzas del Eje y participó en iniciativas destinadas a facilitar la inmigración judía hacia Palestina, incluso frente a las restricciones británicas.

No obstante, no todas las organizaciones paramilitares judías mantenían la misma relación con el Gobierno británico.

El Irgún, también conocido como Etzel, y el Lehi, conocido como Grupo Stern, adoptaron estrategias diferentes y protagonizaron acciones armadas contra objetivos británicos y árabes.

Estas organizaciones participaron en episodios de violencia que marcaron profundamente el período final del Mandato Británico.

La Resolución 181 de la ONU y el camino hacia la guerra de 1948

Después de la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña enfrentaba crecientes dificultades para mantener su administración sobre Palestina.

Ante la intensificación de los conflictos y la falta de una solución política, el Gobierno británico decidió trasladar la cuestión a la recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU).

El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución 181, que recomendaba dividir Palestina en dos Estados independientes: uno judío y otro árabe.

El plan también proponía establecer un régimen internacional especial para Jerusalén.

La dirigencia judía aceptó el plan de partición como base para la creación de un Estado judío, aunque existían reservas y desacuerdos sobre sus condiciones y fronteras.

Por su parte, la dirigencia árabe palestina y los Estados árabes rechazaron la propuesta, argumentando que la división no respetaba los derechos y las aspiraciones de la mayoría árabe palestina que habitaba el territorio.

Tras la aprobación de la resolución, la violencia se intensificó y comenzó una guerra civil entre las comunidades árabe y judía de Palestina.

Durante este período, la Haganá amplió sus operaciones militares y participó en enfrentamientos y en la conquista de diferentes localidades y territorios.

El 14 de mayo de 1948, poco antes de finalizar oficialmente el Mandato Británico, David Ben-Gurión proclamó la independencia del Estado de Israel.

Al día siguiente, la guerra se amplió con la intervención de países árabes vecinos.

El conflicto de 1948 provocó una transformación profunda del territorio y tuvo consecuencias devastadoras para la población palestina. Más de la mitad de la población árabe palestina de la región huyó o fue expulsada de sus hogares, en un acontecimiento conocido por los palestinos como la Nakba, que significa «catástrofe» en árabe.

Durante la guerra, la Haganá pasó a formar parte de las recién creadas Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), el ejército del nuevo Estado.

La creación de Israel, la guerra de 1948 y el desplazamiento masivo de la población palestina marcaron el inicio de una nueva etapa del conflicto, cuyas consecuencias continúan presentes hasta la actualidad.

¿Quieres saber cómo continuó desarrollándose la cuestión entre Israel y Palestina desde 1948 hasta nuestros días?

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